18 años de asesinado JAIME GARZÓN, aún en la impunidad

Fuente: Jaime Garzón Reportaje completo Programa transmitido en Señal Colombia el 13 de agosto de 2017

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Nota sugerida: Razón Pública

Garzón, el colombiano que deberíamos ser

(Tiempo estimado: 4 – 8 minutos)

De por qué quince años después de su asesinato, Jaime Garzón sigue siendo el ejemplo que todos los colombianos deberíamos seguir, a pesar de que los que lo mataron llevaron al país en el siglo XXI al escenario contrario al imaginado por el humorista.

Omar Rincón*

Siete razones por Garzón

Jaime Garzón es un grande, uno de los colombianos que no podemos olvidar. Y no lo olvidamos porque él nos recuerda los modos dignos, divertidos y brillantes de ser colombianos. En su espejo nos gusta ser colombianos; y también, nos recuerda que esa Colombia del diálogo, la crítica, el humor, la justicia social y la democracia no les gusta a los radicales de derechas e izquierdas.

Por eso lo mataron el 13 de agosto de 1999: por encarnar la Colombia que todos queremos ser, y con su muerte se comenzó el regreso al país premoderno de familia, religión y propiedad. Pero aquí hay 7 razones para comprender a Garzón como nuestro mejor modo de ser modernos.

Heriberto de la calle
Personas disfrazadas de Heriberto de la Calle, personaje de Jaime Garzón, durante el Carnaval de Barranquilla.
Foto: Simón Sánchez Sotomayor

El gran colombiano

En 2013, History Channel hizo un concurso para elegir al mejor colombiano de todos los tiempos, y ganó el autoritario que no sonríe con el 30,3 por ciento (otro fraude: él era miembro de la junta directiva de News Corporation, la dueña del canal).

Tal vez el innombrable sea la verdadera cara de los colombianos irascibles, mentirosos y reyes del matoneo. Pero lo increíble es que Jaime Garzón fue segundo con un excelente 17,5 por ciento, y luego venían muy bajito Patarroyo, García Márquez y Antonio Nariño.

Ganó el bárbaro pero, como siempre en Colombia, luego viene el humor, la inteligencia, la imaginación y los derechos humanos. Y a Garzón, el pueblo urbano, los jóvenes desanimados y la sociedad de la paz lo tienen como su héroe. Garzón es tan grande que después de 15 años de eliminado por la extrema derecha, todavía está ahí: junto a la dignidad de ser colombianos de bien y a lo bien.

El nuevo país del 91

Jaime Garzón encarnó la Constitución del 91: esa que legitimó que hay muchas maneras de ser colombianos, esa que nos dijo que la justicia estaba por encima de la propiedad, esa que puso a los violentos y las derechas en democracia.

Y Garzón fue su evangelizador: creía que este nuevo país lleno de diversas Colombias era posible, que podíamos construir una sociedad más justa y con mayor humor. Pero, los enemigos de las libertades y la Constitución del 91 lo mataron; y luego se han dedicado a acabar también con la Constitución. Con la muerte de Garzón se comenzó a matar la Constitución del 91.

Por eso lo mataron el 13 de agosto de 1999: por encarnar la Colombia que todos queremos ser, y con su muerte se comenzó el regreso al país premoderno de familia, religión y propiedad.

La risa inteligente

El humor es una manera de pensar, un modo de producir conocimiento, un estado de la inteligencia crítica. Y el humor es brillante cuando produce risa desde la autocritica, el ironizar al poder, y el comprender-explicar la información.

Garzón hizo de la risa una manera de comprender la información, convirtió la imitación en un dispositivo para desenmascarar las bajas pasiones de políticos y poderosos. Nos mostró que el humor es mejor cuando escucha a la realidad y se ríe de los poderosos. Garzón se reía del poder (y el poder, sobre todo si es autoritario, no tiene humor) y el poder lo mató.

Monumento Jaime Garzón en Bogotá
Monumento a Jaime Garzón en  Bogotá.
Foto: Wikimedia Commons

Pueblo

Garzón pegó porque su referencia de inteligencia, gesto y verdad, eran los sujetos populares. Garzón celebraba al pueblo y por eso el pueblo lo amó: porque él encarnó todos los modos de ser pueblo.

Hizo Heriberto de la Calle para simbolizar a ese pueblo recursivo que desde la risa ironiza al poder como su única vía para sobrevivir la miseria en que lo postran; a Néstor Eli para representar al portero y vigilante en que hemos terminado siendo todos los colombianos: lambones críticos de ese edificio llamado Colombia.

Dioselina Tibaná es un homenaje a la empleada de servicio, esa forma moderna de esclavitud a lo colombiano, y quien finalmente es la guía y la sabia que mantiene viva a la familia nacional; Inti de la Hoz expresa a la niña bien, la chica gomela devenida periodista egresada de comunicación, cuyos comentarios y apuntes eran absolutamente parecidos a los de nuestros periodistas de televisión.

Hizo a Jhon Lennin para recrear ese encanto mamerto que somos los colombianos, activistas de lo obvio y líderes de la nada, llenos del vacío retórico de las llamadas izquierdas. Y el mejor fue Godofredo Cínico Caspa, grande porque recreaba al país fascista, injusto, religioso y excluyente de derechas que somos: esa Colombia a la que no le gusta la Constitución del 91 y se ha dedicado a mantener el statu-quo sin importar vidas, democracias y derechos humanos; Godofredo nos anunció el mal que nos habitaría en el siglo XXI, pero no lo oímos.

El feo

Además, Garzón encarnó la posibilidad de los feos de conquistar bellas. Significó esa utopía del hombre feo colombiano (que somos la mayoría) de conseguir una bella (que son la mayoría) a punta de gracia, humor y palabra.

Él nos representó y lo hizo muy bien: siempre estaba con una bella. Los feos somos más y solo podemos conquistar por inteligencia y humor. Y nos dejó una filosofía cuando afirmó que “él levantaba pero no acostaba”.

Rating de industria

Garzón es tan grande que todos lo aman y utilizan. El 13 de agosto de 2014, al cumplirse 15 años de su muerte, todos los canales lo usaron a modo de homenaje para ganar rating: “amamos a Jaime, nos haces falta”, dijeron todos.

Pero ninguno fue al homenaje o a la denuncia de la familia. Amamos su imagen pero no queremos su lío, tampoco su crítica porque sería como salpicarse en el ojo. Y no hay problema: ese era Garzón, a todos nos servía (a mí para escribir este texto) y a todos nos da prestigio.

Garzón es tan grande que después de 15 años de eliminado por la extrema derecha, todavía está ahí: junto a la dignidad de ser colombianos de bien y a lo bien.

Ahora viene su bionovela en RCN: Garzón vivirá para siempre porque da rating y prestigio donde lo pongan.

Rey de Youtube

Garzón vivirá por siempre porque es fenómeno de redes sociales y juventudes en Youtube: ahí cada vez es más sabio y más querido y más amado. Y se le quiere porque en Youtube podemos seguir pensando con sus frases:

“Saber que el país está en una profunda crisis es una redundancia. Yo propongo que entre todos echemos de pa’ atrás y busquemos las razones de por qué el país está como está”. O esa verdad que duele: “El conocimiento era universal… hasta que llegaron los profesores”.

Jaime Garzón vive a pesar de que los que lo mataron siguen triunfando. Jaime Garzón ríe porque la justicia colombiana es un gran chiste nacional. Jaime Garzón imagina porque el pueblo lo quiere y punto

¡Cómo nos habría iluminado el humor y la mirada crítica de Garzón para reírnos del innombrable y de monseñor inhabilitador! Ellos no ríen, no pueden, no saben. Nos falta un Garzón para recordarles su inmundicia, eso exige la democracia.

 

* Director Maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes. orincon61@uniandes.edu.co

Fuente: http://www.razonpublica.com/index.php/cultura/7820-garz%C3%B3n,-el-colombiano-que-deber%C3%ADamos-ser.html

 

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